sábado, 29 de mayo de 2010

Reír conscientemente


Todos los días podemos optar entre reír o llorar.
La vida se presenta cada mañana como un juego donde es uno quien decide las reglas. Es una cuestión de actitud. Muchos optan por el camino más fácil y le entregan el poder al ego para que cada mañana se ofusque en los enormes atochamientos de la costanera y viven amargados y quejándose el resto del día… otros elegimos un camino más grato y buscamos la razón de porque nos toca vivir ese atascamiento y hasta llegamos a agradecer por esos minutos detenidos que nos acercan a nuestro interior.
Pasé mi infancia llorando y quejándome de la vida que me tocó. Siempre seria y grave atraía hacia mi más energía densa y estaba convencida de que el mundo actuaba en contra mía –pura cepa escorpiana– hasta que un día, como a los 11 años, mi abuela me agarró de los hombros, me sentó bruscamente sobre una silla y mirándome a los ojos me dijo: en la vida todo es una cuestión de actitud, si ríes el mundo reirá contigo, si lloras, el mundo llorará también y desde ese día –más bien desde el día siguiente porque esa noche mi abuela me dio permiso para despedirme de las lágrimas– empecé a reír y mi vida cambió…  Todas las mañanas ensayaba frente al espejo mi sonrisa para salir al mundo… y sonreía aunque no me naciera… y poco a poco empecé a reír espontáneamente… reía mucho y eso atraía más alegrías… atraída por mis risas llegaron muchas amistades y también llegó mi primer amor entrando a los 17 años. Descubrí que la risa y yo teníamos sintonía y asumí que mi esencia era reidora  aunque mi formación me había acostumbrado a ser lloradora
Reír siempre nos transforma…
La risa es todo un símbolo de felicidad, pero la risa espontánea, esa que brota del alma y contagia a todos, porque hay una risa mecánica que es solo un rictus y que no tengo idea de donde nace ni para que sirve.
La alegría es una de las frecuencias más elevadas en que podemos estar… y estar alegres no significa reír por todo sino que vivir en un estado de simpleza y aceptación de los hechos de la vida. Una persona alegre siempre contagia y es difícil no elevar la frecuencia al estar rodeados de personas que vibran en alegría. Así mismo la “mala vibra” contamina al resto.
El budismo afirma que la risa es el camino hacia la iluminación.
Así como la meditación nos permite vigilar la calidad de nuestros pensamientos, podemos hacer el trabajo consciente de vigilar nuestra actitud ante la vida ¿Tenemos una percepción pesimista u optimista antes los sucesos que ocurren a diario? ¿Cómo enfrentamos los problemas o desafíos?
Seguro que recordamos aquella vez que lloramos tanto por esto o aquello, pero difícilmente recordamos las veces que reímos y nuestro ánimo estaba elevado. Te propongo ahora hacer lo contrario y llevar una bitácora de tus risas. Por ejemplo cada noche revisar cuanto has reído durante el día y si no reíste pues ponerte al día con tu cuota de risas.
Reír conscientemente es hacerle un espacio a la alegría y las risas en tu vida y dedicarte al menos unos minutos diarios a reír, pero desde el alma. Puedes comprarte un libro de chistes o buscar videos chistosos en la red… verás como elevas tu energía y contagias también a los que te rodean.
¿Te imaginas que distinto sería el mundo si todos riéramos a menudo?
Pues entonces: A reír!

Ja ja ja ja…
Me® 


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