sábado, 9 de octubre de 2010

Mi amigo el ego



Tiene mala fama el ego… y se la ha ganado a pulso.

El ego es una construcción nuestra que difiere bastante de lo que somos en realidad. En el ego está impreso todo nuestro condicionamiento (educación) y la convicción de que somos lo máximo.

El ego se sostiene en el “tener” y está lleno de deseos: quiero ese aspecto, quiero ese coche, quiero ese trabajo, quiero a esa persona, quiero ser así, quiero llegar allá… quiero… quiero… deseo… deseo… El Ego tiene un apetito voraz… él es quien te dice que mientras más atención, control, seguridad, pasión, reconocimiento, posesiones, diversiones, etc. tengas más feliz serás y por eso haces de la vida una loca carrera por tener más de todo porque crees que así alcanzarás la dicha… y por algún tiempo caes en el autoengaño de que eres muy feliz y haces cualquier cosa para sostener esa construcción que has creado: mientes, peleas, consumes drogas, y llegas hasta a mentirte a ti mismo/a. Pero un día la vida pone a prueba la fortaleza interior y aparecen esas experiencias que llamamos fracaso… Ahí es cuando el ego se desinfla y quedamos hecho añicos.

La causa de todo nuestro sufrimiento es precisamente el ego. Él es quien nos eleva a alturas insospechadas para luego dejarnos caer… y eso porque nosotros le hemos dado ese poder, dejándonos seducir y luego manejar por esta conciencia tridimensional que quiere hacer de nosotros seres mecanizados, competitivos y separados de su conciencia real.

El ego reside en la mente y te hace creer que el mundo de la lógica y lo racional es lo único correcto. No te da cabida a que te expreses de otra manera.
Pero podemos controlarlo invirtiendo los papeles para que seas tú quien mande y no él, porque él es tu instrumento, así como otros atributos que nos han sido dados, el ego es una herramienta más de supervivencia. Al ego no hay que matarlo sino domesticarlo para que seamos amigos y mientras más nos enemistamos con él, más rebelde se pone.

Puedes vivir tranquilamente conviviendo con tu ego pero teniendo claro que él no es más que una máscara con la que te cubres para representar tu obra en el gran teatro de la vida… Le darás a cada cual su lugar y el ego será de ahora en más tu servidor. Será tu mayor aliado cuando lo necesites, pero no volverás a confundirte con él.

A tu ego llegarás a descubrirlo cuando tengas un profundo conocimiento de ti mismo y eso no se logra de un día para el otro, hay que trabajar todos los días en conocernos un poco más ya que es una tarea que no tiene fin porque siempre aparecerán nuevos aspectos desconocidos para nosotros.
¿Quieres conocer a tu ego? Lo primero será callar tu mente. Silenciando a tu ego podrás por fin escucharte a ti mismo/a y eso se logra solo con la meditación… Prueba y verás.

Me®

Si reenvias este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.
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