viernes, 25 de abril de 2014

Divergente




Ayer fui al teatro con la intención de ver Agosto, pero no había entradas y sin muchas ganas opté por ver Divergente quedando gratamente sorprendida, no solo por mimar mis sentidos viendo al guapérrimo Cuatro, sino porque me sentí plenamente identificada con la trama y creo que a muchos puede pasarle igual.

Sí, creo que todos somos, en mayor o menor medida, divergentes de esta sociedad. La mayoría acepta el rótulo que el colectivo les ofrece y se encasillan en el grupo de los buenos (Buenitos Jones les llamo yo), los rebeldes, los idealistas, los arribistas, los resignados, los espirituales, los bellos, los feos, los afortunados, los inteligentes, los divertidos… etc, y hacen todo lo posible por ajustarse a ese molde y he visto a mucha gente llorar en mi consulta porque se sienten presos de esa clasificación en la que ellos mismos se han metido, cuando en realidad todos podemos pertenecer a mas de una de esas facciones.

Desde niña me llamó la atención que la gente se sorprendiera conmigo porque me encuadraban en ciertos grupos y mis palabras o acciones podían no encajar en lo que ellos esperaban de mi. Las madres de mis compañeras me clasificaban en el grupo de las mateas (estudiosas) y no les gustaba que yo fuera tan alegre y bulliciosa cuando las visitaba… las monjitas del colegio se agarraban la cabeza a dos manos cuando yo defendía con pasión mis ideas o las de mi grupo de amigas porque me tenían muy metida en el grupo de las sumisas… y después me pasó con mis pretendiente. A ellos les gustaba mi formalidad, y cuando salía la espontánea irreverente huían despavoridos… Si, siempre me sentí una divergente porque encasillarme en algún grupo significaba reducirme, traicionarme… además me resultaba tan improbable como debe ser para el agua dejar de fluir… si hasta me era imposible dar un beso sin sentirlo y cuando llegaba la tía mala (en todas las familias hay una) yo le ofrecía mi mejilla, exasperando a mi madre y a ella misma, quién prometía desheredarme si no la besaba.

Una gran parte de las depresiones que sufren las personas, provienen de ese temor a mostrarse tal cual son. Desde niños te ponen una marca y, con la intención de agradar a los padres y maestros tú tratas de ser lo más fiel posible a ella y no caes en cuenta de que así puedes estar yendo contra tu propia naturaleza.
Crecemos dentro de ese marco que nos han delimitado y cualquier gesto de salirnos de él trae la recriminación familiar o social y hasta religiosa. Pocos tenemos el valor de salir del cuadrado que nos han trazado y sufrir el costo de ello. Pero la vida es generosa y siempre premia a quienes son fieles a su esencia y ahora la tortilla se está dando vuelta porque muchos están rompiendo el encuadre en que estuvieron metidos y se la están jugando por la honestidad –palabra clave de estos tiempos– y aceptan que pueden pertenecer a más de una clasificación.

Al salir del teatro, mi acompañante me preguntó ¿Si tuvieras que optar por una facción en cual te quedarías? Le respondí sin pensarlo: en todas y ninguna porque soy todo eso y mas… Soy una divergente … ¡todo el rato! ;)

Me® 


Si reenvias este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.
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