domingo, 3 de junio de 2012

Crisis...



La crisis ya es una asidua visitante nuestra… Conocida por muchos e incluso de algunos se ha vuelto una compañera…  así como para otros se ha convertido en su peor enemiga…

Esta dama –la crisis– llega a nuestras vidas en el preciso instante en que nos estancamos en nuestro crecimiento. Ella viene a visitarnos con el único propósito de patearnos el trasero y dejarnos un poco más adelante… Sí, ella usa métodos que no son muy ortodoxos, pero sabe que si es blanda en su trato hacia nosotros la ignoraremos, por eso se presenta con su cara más dura, solo para quitarnos la venda del adormecimiento y mostrarnos que existen otros caminos.

¿Te imaginas que la semilla no quisiera germinar y entrara en pánico al tener que vivir ese cambio que la llevará a convertirse en maravillosa flor? Este mundo tendría menos vida, menos colores y aromas… Pero afortunadamente las flores no son como los humanos y se atreven, osan vivir ese cambio que para nosotros representa una crisis. Se transforman en brote, permiten que les crezca un tallo, salen a las luz y ven crecer sus verdes hojas para luego florecer… Ellas se atreven a desarrollar todo su potencial. Dejan ver lo maravillosas que son y luego vuelven a ser semillas para continuar con el eterno ciclo vital…

Por ahí dicen que crisis viene de crecimiento… y pues esa es la misión de tan mentada señora –la crisis– dejarnos un poco más adelante, más fortalecidos después de cada visita que nos hace. Y es que el crecimiento es nuestro destino. Ser mejores, avanzar hacia otros lugares, ampliar nuestros horizontes, mirar todo desde arriba… y para eso hay que crecer.

La verdad es que si fuésemos menos apegados a todo –incluso al sufrimiento– tendríamos un buen manejo de crisis. Pero nos gusta revolcarnos en el dolor por un buen rato hasta que no queda otra salida que hacer el cambio, aceptarlo y empezar a dar los pasos necesarios para salir de ese estado.

Los invito a hacer memoria… ¿Recuerdas la última visita de doña crisis? Seguro fue justo antes de dar un importante vuelco a tu vida que te generó más alegría, más confianza, más aceptación… Hasta que volviste a sentirte demasiado cómodo en eso y empezó el aburrimiento abriendo nuevamente las puertas a doña crisis.

Nosotros no invitamos a la crisis –al menos de manera consciente– sino que ella nos invade con su presencia cuando la comodidad de nuestro mundo conocido se ha vuelto una cárcel de la que no encontramos la salidad… Cuando todo se vuelve gris, cuando no somos felices y empezamos a vivir como autómatas es que estamos inconscientemente llamando a la crisis para que nos saque de ese estado y volver a sentirnos vivos. Es la invitación del alma a la transformación de nuestras vidas, la oportunidad de sacar a relucir nuestra luz, de despertar nuestro potencial…

Por todo eso y por mucho más… Bienvenida sea la crisis…

Me® 

 Si reenvías este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.
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