lunes, 31 de diciembre de 2012

Recapitulando…


Playa El Canelo, donde voy al encuentro conmigo.

…no se por donde empezar… El año 2012 podría compararlo con un tsunami que llegó a mi vida y dio vueltas todo mi mundo.
Y yo que viajaba tan feliz por este paseo llamado vida, en la estación 2012.

Siempre creí que “me había pasado todo” y por eso la vida me enseñó justo por donde menos lo esperaba: por la salud… Desde hace un tiempo arrastraba un pequeño dolor en el hombro izquierdo que lo atribuía a cargar mi bolso con Macsito – mi Mac- y por tirar de mi maleta con ruedas en mis constantes viajes a la playa… pero se fue agudizando hasta que casi no lo pude mover… Para un ego luna-capricorniano es terrible tener que dejar de hacer cosas y rendirse a la posibilidad de que otros me atiendan… pero lo peor es que me sentí abandonada: por Dios, por mis ángeles, por mis maestros… y quizás por mi misma.
Revisaba mi carta natal para ver que aspectos planetarios confabulaban en mi contra, pero no encontraba nada… y me rendí…
  Pues que será lo deba ser, si tengo que amputar mi brazo –extremista y melodramática como buena escorpio– pintaré con la boca  y escribiré con los pies… y solté…

Me fui a pasar el invierno –y la depre– a la playa, a solas conmigo… Leí, escribí, pinté (solo con la derecha a pesar de ser zurda), medité, bailé y me reencontré con un talento olvidado: Cantar… Recordé canciones que brotaron desde algún rincón de este cerebro y en la soledad invernal de los bosques de El Canelo, la playa más linda de la costa central del país, me dediqué a entonar todas esas canciones que ensayaba en el coro de la escuela, desde el Ave María hasta el Mira Niñita… increíble como nos sanamos cantando, porque no se como sucedió, pero a los pocos días el dolor aflojó y me sentía más liviana… quizás liberada de tantas presiones y autoexigencias…

Hice la tarea… este año que ya se nos va, debía reencontrarme con mi niña interior artista y lo hice: Recordé como mi madre había frustrado a esa pequeña que quería ser artista y sané esa herida en mi interior… Sigo sanando, todos los días mi relación con quien me llevó en su vientre durante 8 meses y luego me acompañó con dolor durante mis primeros 20 años de vida… Se ha ido la rabia y la tristeza solo viene de vez en cuando… a veces hasta la extraño porque me descubro calzando sus zapatos y la comprendo tanto…
El dolor en el hombro también se ha ido… vino a entregarme la lección de soltar la rigidez, la responsabilidad y me enseñó el dulce no hacer nada… y hasta me río ahora porque, mientras escribo junto a la ventana y bajo la sombra del pino regalón de la casa de la playa, veo a mis hermanas trabajando en los preparativos para despedir el año viejo y yo aquí, escribiendo sin culpa alguna…

Aprendí…

Aprendí que la vida no es un cúmulo de obligaciones que cumplir y que no es malo disfrutar… Aprendí que no tengo porque llevar toda la carga yo sola cuando puedo compartirla… Aprendí muchas cosas más y por eso mi corazón reboza gratitud por este 2012 tan lleno de experiencias, reencuentros y crecimiento…
Tuve muchas otras experiencia durante este año tan famoso ya, pero la que más me marcó y agradezco fue la del dolor de mi brazo. También hubo reencuentros con personas que no pensé volver a ver en esta vida y que "el anunciado fin del mundo" atrajeron hasta mi... También hubo partidas y despedidas, pero ya soy experta en eso de dejar ir...

Gracias mi maestro 2012… Te honro y te bendigo por ser una de las estaciones importantes de mi vida y te digo adiós…

Si me piden resumir en una sola palabra mi experiencia 2012, diré: GRATITUD…

Me® 

 Si reenvias este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.
Publicar un comentario en la entrada

Déjanos tu huella...