martes, 1 de noviembre de 2011

Renaciendo...


Cuando hemos aprobado los exámenes de lo que vinimos a aprender a la Tierra, se nos permite graduarnos.  Se nos permite desprendernos del cuerpo, que aprisiona nuestra alma como el capullo envuelve a la futura mariposa, y cuando llega el momento oportuno podemos abandonarlo.  Entonces estaremos libres de dolores, de temores y de preocupaciones, tan libres como una hermosa mariposa que vuelve a su casa, a Dios, que es un lugar donde jamás estamos solos, donde continuamos creciendo espiritualmente, cantando y bailando, donde estamos con nuestros seres queridos y rodeados por un amor que es imposible imaginar.
Todas las personas procedemos de la misma fuente y regresamos a esa misma fuente.
Todos hemos de aprender a amar y a ser amados incondicionalmente.
Todas las penurias que se sufren en la vida, todas las tribulaciones y pesadillas, todas las cosas que podríamos considerar castigos de Dios, son en realidad regalos.  Son la oportunidad para crecer, que es la única finalidad de la vida.
No se puede sanar al mundo sin sanarse primero a sí mismo.
Debemos vivir hasta  morir.
Nadie muere solo.
Todos somos amados con un amor que trasciende la comprensión.
Todos somos bendecidos y guiados.
Es importante que solamente hagamos aquello que nos gusta hacer.  Podemos ser pobres, podemos pasar hambre, podemos vivir en una casa destartalada, pero vamos a vivir plenamente.  Y al final de nuestros días vamos a bendecir nuestra vida porque hemos hecho aquello que vinimos a hacer.
Morir no es algo que haya que temer, puede ser la experiencia más maravillosa de la Vida.  Todo depende de cómo hemos vivido.
Mi deseo es que usted trate de dar más amor a más personas.
Lo único que vive eternamente es el amor.

"La Rueda de la Vida" 
Elizabeth Kubler-Ross
 
Me®
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