sábado, 20 de marzo de 2010

Carta al Otoño



Querido Otoño, esta tarde hiciste tu entrada triunfal en estas latitudes y te doy mi más cordial bienvenida…

Te diría que eres mi estación favorita, pero la verdad es que compartes esa preferencia con mi amada primavera. Los amo a los dos como se quiere a los hijos… con la misma intensidad, pero de un modo diferente. Soy feliz en ambas estaciones por razones bien distintas.

Adoro pisar las aceras que alfombras de hojas doradas, marrones, ocres y hasta moradas… Me encanta la brisa fresca de las mañanas y los nostálgicos atardeceres. Disfruto de llegar a casa tamprano, meterme en la tina tibia con sales, rodeada con mis velas aromáticas y la mejor música de relax… para  salir después completamente relajada y tomarme mi chocolate caliente con marsmallow e irme a la cama a leer o escribir algunas letras.

Otoño, quiero decirte que desde hace algunos años eres mi Maestro… me has enseñado importantes lecciones desde tus divinos silencios que, siempre son una invitación a la reflexión.

Lo primero que aprendí de ti fue tu arrojo y humildad: Como eres capaz de hacer tu entrada, aún sabiendo que no eres la estación que goza de mejor fama, y aún con ese bajo raiting, tú eres fiel a tu esencia y no intentas emular a las estaciones más populares, solo para tener más seguidores y entras bajando las temperaturas y acortando los días solo para crear un espacio de paz en cada corazón.

Lo segundo que me enseñaste, fue a no temer al recogimiento… amar el viaje interior y a amigarme con el sacro silencio para poder escuchar tus mensajes… No fue nada facil al comienzo cuando costaba bajar el ritmo del acontecer cotidiano para poder oirte… pero poco a poco fuiste ganándote tu espacio y ahora eres ya un visitante ilustre en mi vida.

También he aprendido el desapego… a dejar partir de mi vida lo que ya cerró un ciclo. Veo pasar el viento barriendo las hojas de tus ramas y como tú te entregas a la experiencia de soltar… sin lágrimas, sin heridas… solo fluyendo en el eterno ciclo natural de la vida…

Eres tan sabio Otoño que llegas justo en el momento en que cuerpo y alma necesitan menguar su actividad y, aunque la mayoría lo vive de un modo inconsciente, tú haces tu labor en forma desinteresada y eficaz.

Esta es mi carta Otoño, solo para decirte ¡GRACIAS! Por haber sido perseverante en la conquista de mi corazón… ya soy tu amiga, tu fans, tu relacionadora pública y tu incondicional…

Estaré atenta a tu respuesta durante estos tres meses en que viajaremos juntos en este recorrido por el planeta…

Sin más que decirte, me despido atentamente y con el corazón lleno de emoción por recibirte…

Me® 

 Si reenvias este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.
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