jueves, 17 de julio de 2008

Oración Celta de la Mañana




Amanezco hoy por la fuerza del cielo,
la luz del sol, el esplendor del fuego,
el resplandor de las llamas,
la velocidad del viento, la rapidez del rayo,
la firmeza de la roca, la estabilidad de la tierra,
la profundidad del mar.
Amanezco hoy por la fuerza secreta y divina que me guía.



miércoles, 16 de julio de 2008

El ciruelo y el trigo


En la espaciosa llanura alfombrada por el césped, adornada por las flores y protegidas por grandes y omnipotente árboles se encontraba un ciruelo de jardín mediano. En cada primavera su orgullo aumentaba inmensamente al llenarse de flores. Se sentía el rey de la llanura y el árbol más bello. Se jactaba de que varios de los animalitos se acercaban a el en busca de alimento, a pesar de que sean puros insectos. Hasta que en una primavera apareció una plantita nueva en la llanura, justo cerca del ciruelo.
-¿Y tu quién eres?- pregunto intrigado el cerezo.
-Soy una espiga de trigo.
-¿Una espiga? Jajá, ¿y qué haces aquí?, pregunto aliviado ya que dicha planta no le representaba competencia.
-Vengo a convertirme en miles y a esparcirme por la vasta llanura. Mis granos alimentarán a las aves del cielo y a los animales del campo.
-Veo que eres una espiga muy presumida, qué te hace pensar eso?.
-Con el tiempo verás contestó tranquilamente la espiga.

La primavera pasó y tras ella el verano. El ciruelo como siempre se llenó de abejas, avispas y mariposas entre otros insectos y animales. En cambio la espiga maduró, soltó sus granos y se secó. Ahí está el fin de la vanidosa espiga, tendrá suerte si alguna de sus semillas sobrevive pensó el ciruelo.
Al llegar nuevamente la primavera el ciruelo notó que alrededor suyo y un poquito más lejos empezaban a crecer varias espigas más. Pero no se preocupó mucho, menos aún cuando vio que las espigas maduras eran atacadas por aves y roedores que se comían sus granos. Este seguro que sí es el fin de la vanidosa espiga pensó con alegría. Una vez más llegó de nuevo la primavera y una tras otra fueron pasando. El ciruelo sintió que había sido derrotado. Gran parte de la vasta llanura estaba cubierta de trigo. Y tal como lo había anunciado la primera espiga, las aves y los animales del campo se alimentaban de ellas y a pesar de esto, nunca menguó su número, al contrario aumentaba cada vez más. Deprimido el ciruelo le preguntó a una de las espigas cómo lo lograban. Esta le contestó:

- Parte de nuestro grano es para los animales que nos acosan y la otra parte es para seguir multiplicándonos cada día más. Parece absurdo, sabes? Pero no importa lo que digan o piensen de ti, lo que vale es lo que tú pienses y creas de ti mismo. Siempre hay que tener varias metas y muchas ideas para ir logrando lo que uno quiere. Varias de ellas pueden fracasar, pero otras se lograrán y se multiplicarán. Así como varias de nuestras semillas se pierden, otras se transforman en nuevas espigas y por eso jamás nos damos por vencidas.


Desconozco el autor.

Me®

lunes, 7 de julio de 2008

El Mito del Fracaso


Puede que esto te tome de sorpresa, pero el fracaso es una ilusión. Nadie fracasa en nada. Todo lo que haces produce un resultado. Si estás intentando aprender a atrapar una pelota y alguien te la tira y se te cae, no es que hayas fallado. Sencillamente, se ha producido un resultado. La pregunta real es qué hacer con los resultados que produces. ¿Te vas llorando por haber fallado atrapando la pelota, o dices “Tírame otra” hasta que terminas por atraparlas? El fracaso es un juicio. No es más que una opinión. Procede de tus miedos, que pueden ser eliminados con amor. Amor por ti mismo. Amor por lo que haces. Amor por los demás. Amor por tu planeta. Cuando tienes amor dentro de ti, el miedo no puede sobrevivir. Reflexiona acerca del mensaje que hay en esta antigua sabiduría: “El miedo llamó a la puerta. El amor contestó, y no había nadie”.

Esa música que oyes en tu interior, urgiéndote a que asumas riesgos y persigas tus sueños es tu conexión intuitiva con el propósito que hay en tu corazón desde que naciste. Sé entusiasta en todo lo que hagas. Ten esa pasión, sabiendo que la palabra “entusiasmo” significa literalmente “El Dios (enthos) interior (iasm)”. La pasión que sientes es Dios dentro de ti, que está picoteándote para que te arriesgues y seas la persona que eres.

Me he dado cuenta de que los riesgos que se perciben no son para nada tales riesgos, una vez que transciendes tus miedos y dejas que entren en ti el amor y el respeto por ti mismo. Cuando produces un resultado del que los demás se ríen, a ti también te da la risa. Cuando te respetas a ti mismo, tropezar te permite reírte de ti mismo como tropezador ocasional. Cuando te amas y te respetas a ti mismo, la desaprobación de alguien no es nada que haya que temer o evitar. El poeta Rudyard Kipling declaró: “Si puedes alcanzar el triunfo y el desastre, y tratas a esos dos impostores por igual… Tuyo son el corazón y todo lo que hay en él”. La palabra clave aquí es “impostores”. No son reales. Sólo existen en la imaginación de la gente.

Sigue a tu cerebro derecho, escuchando cómo te sientes e interpretando tu propio y exclusivo estilo musical. No tienes que temer a nada ni a nadie, y no volverás a sentir jamás ese terror a estar yaciendo algún día en tu lecho de muerte diciendo: “¿Y qué pasa ahora si toda mi vida he estado equivocado?”. El compañero invisible que está sobre tu hombro derecho te va a pinchar cada vez que te estés apartando de tu propósito. Te va a obligar a que tomes conciencia de tu música. Así que escúchalo, y no te mueras sin haber sacado afuera tu música.

Dr. Wayne Dyer


Me®

Como son los signos después de tener sexo:



 Humor astrolólogico

Aries: "Está bien, hagámoslo otra vez!"

Tauro: "Tengo hambre - pasa la pizza".

Géminis: ¿Has visto el control remoto? "

Cáncer: "¿Cuando nos vamos a casar?

Leo: "¿No estuve fantástico?"

Virgo: "Tengo que lavar las sábanas."

Libra: "Me gustó, sólo si a ti te gustó".

Escorpio: "Tal vez debería desatarte".

Sagitario: "No me llames - Yo te llamaré".

Capricornio: "¿Tienes tarjeta corporativa?"

Acuario: "'¡Ahora vamos a probar con la ropa puesta!"

Piscis: "¿Cómo dijiste que te llamas?"

desconozco su autor.


Mer

martes, 10 de junio de 2008

Manual para subir montañas



1.-Escoge la montaña que deseas subir: no te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen “esa es más bonita”, o “aquella es más fácil”. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

2. Sabe como llegar frente a ella: muchas veces, vemos la montaña de lejos, hermosa, ineresante, llena de desafíos. Pero cuando intentamos acercarnos, ¿qué ocurre? Que es´ta rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima que pretendes alcanzar.

3. Aprende de quien ya caminó por allí: por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha. La caminata es tuya, la responsabilidad también, per no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.

4. Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar: cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo. Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

5. El paisaje cambia, así que aprovéchalo: claro que hay que tener un objetvo en mente: llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas, y no cuesta nada detenerse de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama de alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos; aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habias dado cuenta.


6. Respeta tu cuerpo: sólo consigue subir una montaña aquél que presta a su cuerpo la atención que merece. Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que, al caminar, no te exijas más de lo que puedas dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de los frutos que la naturaleza generosamente te ofrece, pero sigue caminando.

7. Respeta tu alma: no te repitas todo el rato “voy a conseguirlo”. Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo, y además termina por echar a perder la escalada. Pero atención, tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior.

8. Prepárate para caminar un kilómetro más: el recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema.

9. Alégrate cuando llegues a la cumbre: llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste.

10. Haz una promesa: aprovechas que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mosmo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura.

11. Cuenta tu historia: sí, cuenta tu historia. Ofrece tu ejemplo. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.


Paulo Coelho
Mer

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