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martes, 2 de abril de 2013


Acuerdo de Almas



Dicen que antes de nacer, cuando cada Ser decidió venir a la Tierra a vivir la experiencia 3D hubo un acuerdo de almas.

Primero cada alma seleccionó minuciosamente las experiencias que deseaba vivir en esta encarnación. Algunos eligieron aprender a través del desapego, otros de la soledad. Los más decidieron aprender de la relación de pareja. Algunos se atrevieron a experimentar la riqueza material… y así… como si eligieran las materias para matricularse en la Universidad, todos decidieron sus misiones. Y hubo una gran reunión de entre ellas para pactar como se interrelacionarían estas almas… Como cuando se reparten los roles en una obra teatral, cada cual recibió su papel el la obra de su vida… y Nacieron…

Algunas de estas almas se encontraron desde su nacimiento y son hermanos. Otros les tocó ser compañeros del cole para llegar a ser amigos en la adultez… otros no se encontraron hasta cuando mayores, pactaron conocerse en una fiesta y enamorarse… Y hubo quienes tendrían roles mínimos en la vida del otro. Serían el médico que lo revisó cuando estuvo internado por apendicitis… otros sería quien le rompería la nariz en la disco porque le robaría la novia… o el taxista que lo llevaría al aeropuerto aquel día en que le avisaron que su madre se moría…

Nada, absolutamente nada es casual en la vida de ninguno. Hay libre albedrío. Nos hemos repartido los papeles, pero no hay guion. Cada uno crea sus propios diálogos y acciones… y asume la responsabilidad.

Así que ponte a pensar ¿Por qué tienes a ese jefe tan exigente y perfeccionista?  Será que acordaron que él sacaría lo mejor de ti y te puliría cual diamante? O será que tienes que aprender la tolerancia?  Y si lo que debes hacer es renunciar? Difícil saber lo que viniste a vivenciar con cada persona… pero el alma lo sabe… y el alma solo sabe comunicarnos mensajes que llamamos intuición.

Y por qué no logras tener una pareja fiel?

Comprendes ahora que esa persona que está allí como un Pepito Grillo es porque quizás tú se lo pediste, le rogaste que fuera la voz de tu conciencia… y tú misma le suplicaste: No importa que te odie, pero no me dejes realizar algunas acciones que me dejarán pegada a esta encarnación…

Y entiendes porque te bastó con ver a esa persona para que sintieras retorcijones en la panza… tu alma te estaba avisando todo el dolor que te causaría…

No recordamos. No sabemos que nos une a todo el elenco que nos ayuda a representar la obra de nuestras vidas, pero hay en acuerdo tácito entre todos de permanecer juntos para ayudarse mutuamente a crecer… evolucionar…

Entre todos formamos un verdadero equipo sanador porque nos ocupamos tanto de nuestro propio desarrollo como del de los demás. Pero también podemos cerrar abruptamente la relación con algunos por problemas meramente terrenales. Ya lo dije: Tenemos libre albedrío. 

Todo este camino iniciado en nuestra primera encarnación hace milillones de siglos atrás tiene como objetivo la iluminación… Cada encarnación agregamos gotas de luz a nuestra conciencia y así evolucionamos. Avanzamos despacio en términos terrenales, pero vamos a la velocidad de la luz en términos estelares…

Así que no podemos mirar ninguna relación y juzgarla de triunfo o fracaso… Estamos aprendiendo, y el solo hecho de poder interactuar con otros, de conocerle, descubrir sus diferencias… llegar hasta lo profundo de su alma vuelve cualquier relación un éxito…

Así que no te enrosques con ese jefe maltratador, con esa pareja infiel, con esa amiga envidiosa, con ese profe abusivo, con la vecina quejosa, el almacenero gruñón, ese pretendiente meloso, esa hija rebelde… Solo mírales directamente al alma y diles: Gracias por respetar el acuerdo…

Me® 

 Si reenvías este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.

martes, 6 de marzo de 2012

El Tren de la vida…



Alguien me dijo alguna vez que la vida es un tren… Todos somos pasajeros que subimos en distintas estaciones para encontrarnos y compartir tantas experiencias: alegrías y tristezas, sueños y esperanzas, amores y desamores… la aceptación y la queja, el miedo y la confianza… la vida y también la muerte...

Este tren –como la vida– no deja de avanzar… viaja fiel a su ruta aunque en su interior las personas vivan una ilusión de quietud, de inmovilidad, de estancamiento… y a menudo olviden que son viajeros, simples pasajeros que llegarán a su destino y tendrán que bajar en alguna estación…

Todos somos viajeros de esta vida. Nos movemos hacia distintos lugares, con motivaciones diferentes. Soñamos distintas metas, pero nos une el mismo camino… aunque en distintos carros vamos siendo conducidos hacia nuestros destinos.
Lo importante es disfrutar del viaje, sin olvidar que es solo eso: un viaje.

El viaje es opcional, aunque muchos creen que es obligatorio. Somos nosotros quienes compramos el boleto y decidimos el rumbo, y el vagón en que viajaremos… porque cada carro representa un tono vibratorio y el entorno en el que decidimos nacer… Hay quienes viajan en clase Vip, otros en clase económica, los hay que pagan su ticket ofreciendo algún servicio dentro del tren y también están presentes los de la empresa del ferrocarril, quienes ofrecen este viaje…

Cuando nos subimos al tren sabemos que solo tenemos claridad respecto al lugar en que nos bajaremos pero no somos nosotros los conductores de este tren y estamos sujetos a las variaciones que pueda ofrecer el camino. De pronto estaremos detenidos más del tiempo deseado en alguna estación o quizás algún pasajero se enferme o yo misma sufra inconvenientes que alteren mis expectativas de viaje y eso es solo para desapegarnos... misión conjunta de todos los pasajeros de este tren...

Entre los viajeros están quienes viajan muy despiertos, conscientes de que están en una travesía e intentan disfrutar al máximo de la aventura… los que viajan semi conscientes de que solo están de paso en este tren, pero no les importa mucho ahondar en las razones de su periplo y están los que viajan completamente dormidos, sin darse cuenta de que el tren está en movimiento, que avanza modificando cada tanto el paisaje y que de vez en cuando se detiene en alguna estación dejando pasajeros…

La mayoría está muy encariñado con este viaje y no quieren pensar ni hablar de ese día en que tendrán que bajarse. Les aterra pensar en esa aventura que es enfrentar lo desconocido… y viajan así, temerosos, evadiendo la realidad con las numerosas entretenciones que ofrece este convoy. Viviendo un sueño que los hace apegarse más y más a este viaje que un día tendrá fin.

Subirse al tren de la vida y olvidar que estamos de viaje parece una estupidez… pero todos somos algo estúpidos en eso porque negamos la idea de que nos estamos moviendo hacia un destino previamente elegido por nosotros. Viajamos adormilados, preocupados y otros temerosos, vibrando en evasión y ansiedad olvidando que nuestro viaje –y el de todos– tiene un propósito.

Por eso mi querido lector, lo invito a disfrutar de esta aventura que usted mismo eligió. Siéntase a gusto en este tren y goce de todas las bondades  que su vagón, los otros pasajeros y el paisaje mismo le ofrecen.

Viajar es una experiencia maravillosa, sobre todo cuando ese viaje se llama VIDA…

Feliz Viaje!

Me® 

 Si reenvías este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.

sábado, 3 de septiembre de 2011

La Muerte


Todos sabemos que nacemos con fecha de caducidad… es quizás lo único seguro que traemos al mundo: que un día moriremos. Pero es una realidad que nos cuesta mucho aceptar. Evitamos hablar del momento de morir y nos aterra pensar que un día ya no estaremos aquí poblando este planeta.

Quizás si no nos pasáramos evitando el tema de la muerte no nos tomaría tan por sorpresa. Sabemos que todavía nadie ha podido evitar abandonar la existencia terrena y el hacer consciente nuestra finitud nos reconcilia ampliamente con la muerte y nos permite disfrutar más de la vida.

Vivimos muchas muertes a lo largo de nuestras vidas: cada noche muere un día que jamás se repetirá. Podrán haber otros sábados, pero como este ninguno. Morimos un día a la infancia y la inocencia para nacer a la adolescencia y así luego moriremos a la juventud para nacer a la vejez… Morimos de la soltería para pasar al matrimonio y morimos a la soledad cuando nos convertimos en padres o madres… hasta que un día también morimos a lo material para nacer a lo inmaterial… ¿Cómo será eso? Nadie lo sabe con certeza pero mi ser siente que es similar a lo mostrado en Ghost , no te das cuenta del cambio hasta que asumes que nadie te ve, te escucha ni te siente. Un golpe duro para el ego que es quien sufre en esa circunstancia… para otros será una liberación.

Solo abandonamos el cuerpo, ese cuerpo con el que nos sentimos tan identificados y por eso decimos que “somos” blancos o negros, esbeltos o macizos, rubios o morenos, caucásicos o indígenas, lampiños o peludos etc , cuando en realidad no “somos” eso sino que esas son características de nuestro envase. Somos luz y nos han prestado un envase de carne, huesos y músculos para transitar por la tridimensionalidad. El apego a aquello que no somos es lo que causa dolor.

La muerte en oriente no es tema y se celebra el momento del paso hacia el otro lado tanto como nosotros, los occidentales, celebramos la llegada de un bebé que personalmente creo que es el paso del otro lado hasta acá.

En cualquier lugar la muerte nos iguala porque no importa como hayas vivido, todos un día partiremos de la misma forma y se cree que al mismo lugar. La muerte unifica porque ante ese acontecimiento olvidamos diferencias y somos capaces de perdonar las ofensas de cualquiera que haya partido.

Es bueno hacernos conscientes de que la muerte llegará en algún momento porque eso hace que vivamos centrados en el presente… y como dice mi amigo Julián: Se que la muerte vendrá por mi algún día así que mientras tanto yo gozo de cada minuto.

Así que los invito a disfrutar la vida amigos, porque es un maravilloso regalo que no valoramos hasta que estamos a punto de perderlo.

Me®

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