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miércoles, 24 de abril de 2013

Celebrando la Budeidad



Wesak es conocido como el año nuevo espiritual, el momento del ciclo anual en que recibimos la mayor cantidad de energía espiritual ya que todos los ángeles y maestros están enviándonos su amor… Es el único periodo en que podemos alcanzar la iluminación.
Esta fiesta es para muchos la celebración del cumpleaños del Buda, para otros es su muerte y para el resto su iluminación… todas son celebraciones del surgimiento de un gran buda en este mundo y olvidamos que lo que debemos honrar es la búsqueda y el desarrollo de nuestra propia budeidad.

La mayoría cree que Buda el nombre de una divinidad, y lo es, pero Buda es un estado de conciencia, el estado de iluminación total. Lo mismo que algunos creen que Cristo era el segundo nombre de Jesús, cuando lo que sucede es que Jesús logró alcanzar el estado cristico y desde ahí fue llamado “El Cristo” por sus seguidores.

Aunque muchos lo nieguen, todos, absolutamente todos podemos alcanzar la budeidad y lograr la iluminación, pero es muy cierto que no la lograremos por arte de magia ya que es necesario hacer un esfuerzo para lograrlo. Toda conquista requiere de una importante cuota de voluntad de parte nuestra y cualquiera que te venda la iluminación en un curso, en seminarios de un fin de semana, en la constante repetición de mantras, en ejercicios de yoga, en dietas exentas de carne, en ropas especiales o en pastillas, te está engañando porque la iluminación es un estado que solo lo puedes alcanzar trabajando en desarrollar tu conciencia luego de haber logrado el encuentro profundo contigo mismo.

Creo que ya es momento de ir tras tu propia budeidad y dejar de buscarla en un hombre que la conquistó hace más de dos mil quinientos años… Maravilloso el Buda que nos sirve de ejemplo, pero vivimos estos tiempos de amplitud de conciencia y mayor desarrollo espiritual, por lo que no podemos seguir buscando y honrando afuera lo que llevamos dentro.

Celebremos hoy el wesak, celebremos llenos de alegría y honremos a Buda que hizo el camino antes que nosotros solo para demostrarnos que se puede… Así como el Maestro Jesús también vino a enseñarnos con su ejemplo.

La era pisciana se lleva con ella esa energía de adoración y la era acuariana nos trae un tiempo de mucha acción. Tal vez deberías dejar de ir a los templos para encontrarte con la divinidad y quedarte un tiempo a solas y en silencio para encontrarte con tu propia divinidad, para empezar a reconocerla y sacarla afuera…

Tal vez la mejor ofrenda que puedas hacer hoy al Buda sea la firme decisión de encontrarte con tu budeida y desarrollarla al máximo.

Esta es una fiesta de gozo y felicidad ya que no hay mayor alegría que llegar hasta le cumbre de la evolución en 3D… Todos queremos ascender a lo más alto… todos estamos aquí en el camino de la evolución y alcanzar la budeidad no es tan lejano, y menos, imposible. Las energías del nuevo mundo están ahí, disponibles para todo aquel que quiera tomarlas, pero recuerda: Te están regalando los ingredientes de la receta, pero eres tú quien preparará el guisado… ¿Por qué no esmerarnos en preparar la mejor receta que nos han dado? Esa es la de convertirnos en Buda…
Aprovecha este momento en que estás recibiendo toda esta inyección de luz…

Feliz Wesak!

Bienvenido a tu propia budeidad!

Me® 

 Si reenvias este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.

martes, 7 de julio de 2009

El Anillo Perdido




Cuando servía de consejero y maestro espiritual, estuve visitando dos veces por semana a una mujer invadida por el cáncer. Tenía cuarenta y tantos años y era maestra de escuela. Los médicos le habían pronosticado apenas unos cuantos meses de vida. Algunas veces pronunciábamos unas pocas palabras durante esas visitas, pero la mayoría de las veces nos sentábamos en silencio. Fue así como comenzó a tener los primeros destellos de su quietud interior, la cual no había aprendido a conocer durante sus años agitados como educadora.

Sin embargo, un día la encontré desesperada y enojada. “¿Qué pasó?” le pregunté. No encontraba su anillo de diamante, el cual tenía un valor monetario y sentimental muy grande, y me dijo que estaba segura de que lo había robado la mujer que iba a cuidarla durante unas horas todos los días. Dijo que no entendía cómo alguien podía ser tan cruel y despiadado como para hacerle eso a ella. Me preguntó si se debía enfrentar a la mujer o si sería mejor llamar a la policía inmediatamente. Le dije que me era imposible decirle lo que debía hacer pero le pedí que reflexionara acerca de la importancia que un anillo, o cualquier otra cosa, podía tener para ella en ese momento de su vida. “No entiende”, me respondió. “Era el anillo de mi abuela. Lo usé todos los días hasta que enfermé y se me hincharon las manos. Es más que un anillo para mí. ¿Cómo podría estar tranquila?”.

La rapidez de su respuesta y el tono airado y defensivo de su voz me indicaron que todavía no estaba lo suficientemente anclada en el presente para mirar en su interior y separar su reacción del evento a fin de observarlos ambos. La ira y la defensividad eran señales de que el ego hablaba a través de ella. Entonces le dije, “Le haré unas cuantas preguntas, pero en lugar de respon­derlas inmediatamente, trate de encontrar las respuestas en su interior. Haré una pausa breve entre cada una. Cuando le llegue la respuesta, quizás no llegue en forma de palabras”.
Dijo estar lista para escucharme. Entonces pregunté:

“¿Se da cuenta de que tendrá que separarse del anillo en algún momento, quizás muy pronto?
¿Cuánto tiempo más necesita para desprenderse de él?
¿Perderá algo como persona cuando se desprenda de él?
¿Acaso ese ser que es usted se ha disminuido a causa de la pérdida?”

Hubo unos minutos de silencio después de la última pregunta.

Cuando comenzó a hablar nuevamente sonreía y parecía sen­tirse en paz. “Con la última pregunta caí en cuenta de algo importante. Primero busqué una respuesta en mi mente y lo que oí fue, ‘por supuesto que te sientes disminuida. Entonces me hice la pregunta nuevamente, ¿acaso esa que soy yo se ha disminuido? pero tratando de sentir en lugar de pensar la respuesta. Y entonces sentí lo que soy. No había sentido eso antes. Si logro sentir lo que soy tan fuertemente, entonces esa que soy yo no se ha disminuido para nada. Todavía lo siento; es una sensación de paz pero muy vívida”. “Esa es la alegría de Ser”, le dije. “La única manera de sentirla es saliendo de la mente. El Ser se debe sentir, no se puede pensar. El ego lo desconoce porque está hecho de pensamiento. El anillo estaba realmente en su mente en forma de pensamiento, el cual usted confundió con el sentido de lo que Es. Pensó que esa que usted Es o una parte suya estaba en el anillo”.

“Todo aquello que el ego persigue y a lo cual se apega son sustitutos del Ser que el ego no puede sentir. Usted puede valorar y cuidar las cosas pero si siente apego es porque es cosa del ego. Y realmente no nos apegamos nunca a las cosas sino al pensamiento que incluye las nociones de ‘yo’, ‘mi’ o ‘mío’. Siem­pre que aceptamos totalmente una pérdida, trascendemos el ego, y entonces emerge lo que somos, ese Yo Soy que es la conciencia misma”. Entonces ella dijo, “ahora comprendo algo que dijo Jesús y a lo cual nunca le había encontrado mucho sentido: ‘Si alguien te pide la camisa, entrégale también tu capa”. “Así es”, le respondí. “No significa que no debamos cerrar la puerta. Sig­nifica que algunas veces desprenderse de las cosas es un acto mucho más poderoso que el hecho de defenderlas o de aferrarse a ellas”.

En las últimas semanas de vida su cuerpo se debilitaba, pero ella se tornó cada vez más radiante, como si una luz brillara en su interior. Regaló muchos de sus bienes, algunos a la mujer de quien sospechaba había tomado el anillo, y con cada cosa que entregaba ahondaba su dicha. Cuando la madre me llamó para anunciarme la noticia de su muerte, también mencionó que ha­bían encontrado el anillo en el botiquín del baño. ¿Acaso la mujer devolvió el anillo, o había estado ahí todo el tiempo? Nunca lo sabremos. Pero algo sí sabemos. La vida nos pone en el camino las experiencias que más
necesitamos para la evolución de nues­tra conciencia. ¿Cómo saber si ésta es la experiencia que usted necesita? Porque es la experiencia que está viviendo en este momento.

¿Es un error sentirnos orgullosos de lo que poseemos o resentir a los demás por tener más que nosotros? En lo absoluto. Esa sensación de orgullo, la necesidad de sobresalir, el aparente fortalecimiento del saber en virtud del “más” y la mengua en virtud del “menos” no es algo bueno ni malo: es el ego. El ego no es malo, sencillamente es inconsciente. Cuando nos damos a la tarea de observar el ego, comenzamos a trascenderlo. No conviene tomar al ego muy en serio. Cuando detectamos un comportamiento egotista, sonreímos. A veces hasta reímos. ¿Cómo pudo la humanidad tomarlo en serio durante tanto tiempo? Por encima de todo, es preciso saber que el ego no es personal, no es lo que somos. Cuando consideramos que el ego es nuestro problema personal, es sólo cuestión de más ego.

Eckhart Tolle en “Una Nueva Tierra”.



martes, 10 de junio de 2008

Manual para subir montañas



1.-Escoge la montaña que deseas subir: no te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen “esa es más bonita”, o “aquella es más fácil”. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

2. Sabe como llegar frente a ella: muchas veces, vemos la montaña de lejos, hermosa, ineresante, llena de desafíos. Pero cuando intentamos acercarnos, ¿qué ocurre? Que es´ta rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima que pretendes alcanzar.

3. Aprende de quien ya caminó por allí: por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha. La caminata es tuya, la responsabilidad también, per no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.

4. Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar: cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo. Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

5. El paisaje cambia, así que aprovéchalo: claro que hay que tener un objetvo en mente: llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas, y no cuesta nada detenerse de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama de alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos; aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habias dado cuenta.



6. Respeta tu cuerpo: sólo consigue subir una montaña aquél que presta a su cuerpo la atención que merece. Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que, al caminar, no te exijas más de lo que puedas dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de los frutos que la naturaleza generosamente te ofrece, pero sigue caminando.

7. Respeta tu alma: no te repitas todo el rato “voy a conseguirlo”. Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo, y además termina por echar a perder la escalada. Pero atención, tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior.

8. Prepárate para caminar un kilómetro más: el recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema.

9. Alégrate cuando llegues a la cumbre: llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste.

10. Haz una promesa: aprovechas que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mosmo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura.

11. Cuenta tu historia: sí, cuenta tu historia. Ofrece tu ejemplo. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas.


Paulo Coelho
Mer

miércoles, 13 de febrero de 2008

Permanecer firmes antes la pruebas



“Seguís una enseñanza espiritual: realizaréis grandes descubrimientos y os dará grandes alegrías; pero no os protegerá de las dificultades. Cualquiera que sea el camino que se emprenda, bueno o malo, siempre nos encontramos con obstáculos y pruebas. Estos obstáculos y estas pruebas no son las mismas y son vividas de una manera diferente, esto es todo.

La debilidad es uno de los grandes peligros que acechan a los discípulos. Como han elegido el camino de la luz, imaginan que avanzarán sobre una alfombra de rosas, que todo será fácil, maravilloso… y sucede que reciben unos golpes que no esperaban, que no comprenden, y esto es lo que les hace vulnerables. Así pues, a partir de hoy, pensad por anticipado que deberéis pasar por pruebas, que las personas pueden ser malintencionadas, maledicientes, ingratas, y esperad lo peor.

El día que lleguen las pruebas, en la medida que habréis sido prevenidos, permaneceréis firmes e inquebrantables, no sufriréis decepciones, ¡incluso ni os daréis cuenta que habéis sido ofendidos! Y es así cómo llegaréis a ser capaces de ayudar también a los demás.”


Omraam Mikhaël Aïvanhov

 Mer

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