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jueves, 3 de noviembre de 2011

Mi verdadera edad...


Hace unos días fue mi cumpleaños y mi mejor amiga me regaló una hermosa libreta llena de angelitos, soles, lunas, estrellas y astros... Al hojear sus páginas encontré un sobre con este bello relato escrito:
El buscador

    Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador...
    Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.
    Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.
    Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.
    Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.
    ....Una portezuela de bronce invitaba a entrar.
    De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.
    El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
    Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de esta paraíso multicolor.
    Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción:
    Abdul Tareg, vivió 8 años, 2 semanas y 3 días.
    Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.
    Mirando a su alrededor el hombre se dió cuenta de que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:
    Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.
    El buscador se sintió terriblemente conmocionado.
    Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.
    Una por una, empezó a leer las lápidas.
    Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.
    Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años...
    Embargado por el dolor terrible se sentó y se puso a llorar.
    El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó.
    Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
    -No, ningún familiar- dijo el buscador- ¿qué pasa en este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? , ¿cual es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de chicos?
    El anciano se sonrió y dijo:
    - Puede usted serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré...
    Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí colgada al cuello.
    Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anote en ella:
    A la izquierda que fue lo disfrutado...
    a la derecha, cuanto duró el gozo.
    Conoció a su novia y se enamoró de ella. ¿Cuanto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla? , ¿una semana?, ¿tres semanas y media?...
    Y después...la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuanto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana?...
    ¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo? ¿Y la boda de los amigos...? ¿Y el viaje más deseado...? ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano...? ¿Cuanto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones? ...¿horas?...¿días?...
    Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos...cada momento
   Cuando alguien muere, es una costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo en su tumba, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO...

  Jorge Bucay

Ahora se que soy apenas una nena y desde ya mismo procuraré tener una vida larga, muy larga... llena de bellos y emocionantes acontecimientos...
A todos ustedes mis amigos lectores les deseo una vida larga y feliz anotada en esa libreta que pronto adquirirán...
Y a mi amiga Marisol mi infinita gratitud por su regalo y por tener ese maravilloso talento de darle sentido a cada cosa que toca...

Me®

miércoles, 16 de abril de 2008

La Cárcel Imaginaria


Mucha gente cree que es característico del sabio escapar de la sociedad, huir a la montaña, refugiarse en la cueva. El verdadero sabio nunca escapa de la sociedad, más bien se aleja en un intento, siempre doloroso, de renunciar a su identidad.
Durante miles de años hombres y mujeres hemos vivido presos, y a nuestras prisiones le hemos puesto bellos nombres: las llamamos templos, religiones, partidos políticos, ideologías, cultura, civilización, escuelas de psicoterapia, empresa exitosa, fama, poder, honores.
Por hermoso que sea el nombre de la prisión y por bien que se viva en tu cárcel, tú sabes que estás preso, porque quienquiera que viva conforme a una idea que lo condiciona es su prisionero.
Aunque tu celda sea de primera clase, aunque el patio sea tan grande que tus ojos no lleguen a ver los muros, aunque la atención en la prisión sea de cinco estrellas, aunque te prometan permisos de salida cada vez más frecuentes, aunque las cadenas sean transparentes y no pesen demasiado comparándolas con las de otros, aunque sea una prisión que aparentemente tú elegiste, aunque compartas la celda con aquellos a los que más quieres...
Aunque tú no quieras saberlo... Estás preso.
Nunca entraste en la prisión. Naciste allí y te ordenaron quedarte cuando todavía no eras consciente (y posiblemente aún no lo seas del todo).
Te condicionaron para que estudiaras, trabajaras, te enamoraras y casaras dentro de la cárcel.
Te entrenaron y te hipnotizaron para que no pudieras ver los barrotes.
Te condicionaron para que creyeras que solamente allí estarías protegido.
Te dijeron que después de todo era lo mejor a lo que podías aspirar.
El día que te enteres de dónde estás, e intentes decirlo en voz alta, los otros, tus compañeros de prisión, te dirán que es mentira. Y te dirán que la verdadera cárcel está fuera de esos muros. Y llorarán al cielo echando maldiciones para todos los que han intentado mostrarte otra verdad.
Y te dirán que la libertad no existe y que fuera está el infierno.
Te mostrarán que allí dentro puedes realmente tener todo lo que desees (menos libertad, claro). Tratarán de seducirte con premios y aplausos para que quieras quedarte.
Te ofrecerán dinero, sexo y lujos, condiciones "especiales" porque (te dirán) tú eres especial.
Y para impedir que te vayas, te amenazarán con castigo y tortura si no aceptas su oferta.
Y, si de todas maneras te vas, quiero que sepas que... saldrán a buscarte.
Porque tú eres una amenaza.
Vendrán por ti para llevarte de regreso o para mostrar tu cadáver a todos y demostrar con eso que la vida fuera es imposible.
Pero no desesperes, no te asustes... Una vez libre, si tú no quieres, nadie puede encerrarte.

Extraído de "Shimriti", de Jorge Bucay.

Me®

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