miércoles, 2 de diciembre de 2009

Manual para subir montañas


A. Escoge la montaña que deseas subir

No te dejes llevar por los comentarios de los demás, que dicen “ésa es más bonita”, o “aquélla es más fácil”. Vas a gastar mucha energía y entusiasmo en alcanzar tu objetivo, y por lo tanto eres tú el único responsable y debes estar seguro de lo que estás haciendo.

B. Sabe cómo llegar frente a ella

Muchas veces, vemos la montaña de lejos, hermosa, interesante, llena de desafíos. Pero cuando intentamos acercarnos, ¿qué ocurre? Que está rodeada de carreteras, que entre tú y tu meta se interponen bosques, que lo que parece claro en el mapa es difícil en la vida real. Por ello, intenta todos los caminos, todas las sendas, hasta que por fin un día te encuentres frente a la cima que pretendes alcanzar.

C. Aprende de quien ya caminó por allí

Por más que te consideres único, siempre habrá alguien que tuvo el mismo sueño antes que tú, y dejó marcas que te pueden facilitar el recorrido; lugares donde colocar la cuerda, picadas, ramas quebradas para facilitar la marcha. La caminata es tuya, la responsabilidad también, pero no olvides que la experiencia ajena ayuda mucho.

D. Los peligros, vistos de cerca, se pueden controlar

Cuando empieces a subir la montaña de tus sueños, presta atención a lo que te rodea. Hay despeñaderos, claro. Hay hendiduras casi imperceptibles. Hay piedras tan pulidas por las tormentas que se vuelven resbaladizas como el hielo. Pero si sabes dónde pones el pie, te darás cuenta de los peligros y sabrás evitarlos.

E. El paisaje cambia, así que aprovéchalo

Claro que hay que tener un objetivo en mente: llegar a lo alto. Pero a medida que se va subiendo, se pueden ver más cosas, y no cuesta nada detenerse de vez en cuando y disfrutar un poco del panorama alrededor. A cada metro conquistado, puedes ver un poco más lejos; aprovecha eso para descubrir cosas de las que hasta ahora no te habías dado cuenta.

F. Respeta tu cuerpo

Sólo consigue subir una montaña aquél que presta a su cuerpo la atención que merece. Tú tienes todo el tiempo que te da la vida, así que, al caminar, no te exijas más de lo que puedas dar. Si vas demasiado deprisa, te cansarás y abandonarás a la mitad. Si lo haces demasiado despacio, caerá la noche y estarás perdido. Aprovecha el paisaje, disfruta del agua fresca de los manantiales y de los frutos que la naturaleza generosamente te ofrece, pero sigue caminando.

G. Respeta tu alma

No te repitas todo el rato “voy a conseguirlo.” Tu alma ya lo sabe. Lo que ella necesita es usar la larga caminata para poder crecer, extenderse por el horizonte, alcanzar el cielo. De nada sirve una obsesión para la búsqueda de un objetivo, y además termina por echar a perder el placer de la escalada. Pero atención: tampoco te repitas “es más difícil de lo que pensaba”, pues eso te hará perder la fuerza interior.

H. Prepárate para caminar un kilómetro más

El recorrido hasta la cima de la montaña es siempre mayor de lo que pensabas. No te engañes, ha de llegar el momento en que aquello que parecía cercano está aún muy lejos. Pero como estás dispuesto a llegar hasta allí, eso no ha de ser un problema.

I. Alégrate cuando llegues a la cumbre

Llora, bate palmas, grita a los cuatro vientos que lo has conseguido, deja que el viento allá en lo alto (porque allá en la cima siempre hace viento) purifique tu mente, refresca tus pies sudados y cansados, abre los ojos, limpia el polvo de tu corazón. Piensa que lo que antes era apenas un sueño, una visión lejana, es ahora parte de tu vida. Lo conseguiste.

J. Haz una promesa

Aprovecha que has descubierto una fuerza que ni siquiera conocías, y dite a ti mismo que a partir de ahora, y durante el resto de tus días, la vas a utilizar. Y, si es posible, promete también descubrir otra montaña, y parte en una nueva aventura.

K. Cuenta tu historia

Sí, cuenta tu historia. Ofrece tu ejemplo. Di a todos que es posible, y así otras personas sentirán el valor para enfrentarse a sus propias montañas

Paulo Coelho

Me®

lunes, 30 de noviembre de 2009

Divino Maestro Jesús



En estos días en que se acerca el cumpleaños “oficial” de Jesús, se me hace imposible no honrar su memoria.

Todo el mundo recuerda a Jesús sufriendo en una cruz o como un bebé regordete en una cuna o en brazos de su madre María… pocos se conectan con la infancia de este niño judío que se preparó para redimir a toda una humanidad, o con su juventud, o en la adultez, cuando se dedicó a lo que era su misión…

A pesar de que los artistas lo han pintado y esculpido con un rostro sufriente y cara de víctima -muy propio de la Era Pisciana- Jesús debe haber sido alguien muy poco complaciente… quizás un rebelde y se sabe que poseía un fuerte carácter ya que desde muy pequeño desobedeció a su madre y se perdió entre la multitud. Se enfrentó a los mercaderes del Templo. No era una persona obsecuente ya que fue en contra de todo lo establecido, lo que le valió un juicio y la crucifixión. No debe haber sido eso que se conoce como bonachón, sino más bien una persona muy honesta, franco y directo. Si hasta generó suficientes envidias entre sus apóstoles para que algunos lo negaran y otros le vendieran… Al menos yo no lo veo como ese “corderito” que la religión me presenta. Lo veo –y lo admiro- por sus ideas claras, su voluntad para desarrollar como el Cristo, su valor, y sobre todo su amor por la humanidad.

Muy pocas personas se atreven a perder la buena relación con el sistema por defender sus ideas o criticar lo que está mal hecho. La mayoría guarda un silencio otorgante por temor a “perder” el trabajo, la reputación y hasta amistades.
Y veo a este maravilloso Ser que se la jugó hasta el último momento reconociéndose “Hijo de Dios” y soportó azotes, el peso de una cruz y luego que lo clavaran en la misma, cuando podría haber sido tan fácil decir “No, no soy el Hijo de Dios” y así “salvar” su piel… pero no, su honestidad llegaba al límite, no podía mentir por mantener la vida en ese cuerpo.

Todos, en mayor o menor medida nos consideramos seguidores o tenemos como nuestro héroe a Jesús, pero ¿cuántos estamos en capacidad de imitarlo?
¿Nos jugamos hasta el final por defender una verdad?

Siempre siento que nos queda tan pequeño el rol de seguidores de Cristo, porque somos seguidores de sus ritos, lo parafraseamos a menudo, pero ¿Lo aceptamos? ¿Cuántos están en capacidad de seguirlo e imitarlo?

Somos tan duales como seres porque nos dividimos entre los que creemos ser y lo que somos en realidad… ni siquiera entre lo que quisiéramos ser y lo que somos… y por eso con la boca manifestamos un amor incondicional por El Divino Maestro, pero con los hechos no le llegamos ni a los talones. Somos capaces de sentarnos a comer y beber con los mercaderes del templo (quienes nos traicionan) y hasta podemos abrazarlos y besarlos sin estar de acuerdo con sus ideas… solo por no perder el nexo con quienes tienen el poder… Vendidos dicen algunos, pero cobardes les llamo yo… 
Decimos amar a toda la humanidad pero cuando pasa un mendigo con hambre y frío, le damos las sobras y lo dejamos ir. No somos capaces de darle una habitación para que pase la noche y duerma caliente.
Y si hay que jugársela por las minorías guardamos silencio por temor y comodidad... De verdad no le llegamos ni a la suela de la sandalia...

y así…

Siempre digo que si Jesús volviera a la Tierra hoy, le crucificaríamos de nuevo porque seguramente no tendría un doctorado en Teología, ni un MBA en Antropología ni mucho menos nos mostraría un post grado en Sociología… sería un hombre sencillo que no elegiría vivir en Dubai ni en Beverly Hills y preferiría comer en su casa y no en los restaurants de Milán o Paris… seguro viajaría en clase turista y no vestiría de Armani ni Dolce Gabana… mucho menos sería líder de alguna religión… Sería un hombre que antepondría la calidad ante la cantidad y por eso tendría una vida basada en SER y no en tener o hacer…

Pero esto es solo mi visión del Maestro Jesús… y se que cada cual tiene la suya y quizás solo estamos proyectando nuestro interior... Quién sabe...

Me® 

Si reenvias este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.

domingo, 29 de noviembre de 2009

Alma y Espíritu



Comúnmente se cree que Alma y Espíritu son lo mismo… Ambas son energías luminosas pero su origen es diferente.

El Espíritu proviene del Creador, la Fuente, Gran Padre/Madre, Dios o como quieras llamarle. Es la chispa divina, tu energía luminosa, tu impronta, la esencia misma de tu Ser…

El alma es un traje energético que nos presta la Tierra cuando llegamos a habitarla. Es como un uniforme que todos los humanos llevamos durante nuestro viaje terrestre… y al partir se lo devolvemos al planeta.

El Alma nos hace parte de un colectivo y el Espíritu es individual, único. Tu sello energético.

La mayor parte de la gente llega a desarrollar su estado álmico y es capaz de sentirse parte de este todo llamado humanidad… pero muy pocos logran conectar –y sobre todo desarrollar– esa chispa divina que les habita hasta llegar a transformarla en una hoguera.

Sin espíritu y sin alma somos seres gobernados solo por el instinto y también de eso hay mucho en el planeta aunque algunas enseñanzas dogmáticas difieran de ello. Las cárceles están llenas de seres dominados por su fuerza instintiva, que no logran conectar con su alma y mantienen su espíritu dormido.

De todo hay habitando en este bello planeta… es una escuela y como tal tiene todos los grados o niveles de cursos… Los seres más básicos (pequeñines del kínder) son quienes vibran aún muy bajo porque no han alcanzado a experimentar lo suficiente para desarrollarse. Están los intelectuales (de cursos medios) quienes han aprendido mucho, pero desde la mente y vibran un poco más alto. Luego vienen los conscientes (Universitarios) que somos nosotros, los que estamos recién despertando nuestras conciencia y dejando atrás el sueño maya… Hay otros que vibran más alto y están en postgrados académicos y son los que predican con el ejemplo. Están los de MBA que ya diríamos que se han consagrado como Maestros y podríamos seguir hasta llegar a Seres Galácticos…

El Espíritu es propio, es nuestra esencia y donde se conserva la memoria de todas las encarnaciones.
El alma también tiene memoria, pero es una memoria colectiva. Todas las experiencias que vivimos como humanidad están registradas en el alma de la Tierra… Recuerdos ancestrales que todos tenemos… Memoria genética le llaman los científicos… Registros Akáshicos los esotéricos…

Con el Alma somos todos uno… y en el espíritu Yo soy…

A quienes no han podido conectarse con su alma les llaman “desalmados” porque carecen de la empatía necesaria para comunicarse con el entorno y son gobernados por enormes egos. Están en una conciencia de sobrevivencia y tienen como única meta conseguir pan techo y abrigo para cada día… y nada más…
Quienes logran conectar con su Alma desarrollan la compasión y es cuando podemos sentir, vibrar con los otros seres… lo que te sucede a ti me alegra o entristece… siento tu gozo y tu dolor… es la conciencia de compasión…

Y bueno… vivir en el espíritu es para esos pocos grandes que hemos conocido… el Buda, el Cristo, y otros con menos fama pero que también lograron hacer crecer dentro de si la Chispa Divina…

El Espíritu solo es individual. En el nivel 3D en que estamos nosotros, no existe el espíritu colectivo… Estamos recién aprendiendo a desarrollar nuestra propia chispita de luz… En otros niveles superiores si hay colectividad espiritual y es algo tan difícil de explicar que lo dejaré para otro post.

La parábola de los talentos relatada por Jesús se refiere justamente a este regalo que nos han dado: la chispa divina y a la que tenemos por misión hacer crecer… Si hubiese más conciencia en la Tierra bastarían solamente unas pocas encarnaciones para desarrollar tanto esa luz que ya no cupiera en el planeta y siguiera evolucionando en la Galaxia, en el Universo y en Multiversos… pero estamos tan dormidos que nuestro proceso evolutivo es muy lento… Necesitamos millones de encarnaciones para lograr despertar y otras miles más para evolucionar.

Es el Alma quien mantiene en su memoria todas las heridas vividas desde que fuimos piedra iniciando la evolución desde el reino mineral y luego pasando por los otros reinos, hasta adquirir algo de conciencia… Por eso bauticé a este Blog Sanando el alma porque hay tanto para sanar dentro de cada uno de nosotros…
El Espíritu, en cambio es intocable, para él todas las experiencias son aprendizaje y conserva intacta su inocencia… No sufre ni se lamenta… Vive en constante alegría y aceptación por eso es eterno…

Bueno, queridos lectores, espero haber respondido la pregunta que me hicieron la semana pasada.

Un abrazo a todos.

Mer 

jueves, 26 de noviembre de 2009

Condiciones para meditar

 
La mayoría de nosotros no vivimos en el Tíbet, ni en medio de un desierto, ni en un retiro permanente en un monasterio. Casi todos vivimos inmersos en una realidad más o menos cosmopolita, rodeados de hombres y mujeres que corren de aquí para allá, que exigen y reclaman, que llaman por teléfono o golpean nuestra puerta para ofrecer, para pedir, para negociar para reclamar. Seguramente tú y yo pasamos, como muchos de nuestros amigos y familiares yendo o volviendo de algún sitio, o gastando un trocito de nuestra finita vida en un atasco. Así, o parecido, es nuestro entorno cotidiano, y en ese ambiente debemos aprender a meditar.
Estoy muy lejos de ser un experto en el tema, pero aprendí de algunos maestros e instructores que ni la forma de meditar ni el lugar, ni la hora del día son en realidad lo más importante. Uno de ellos solía repetir hasta el cansancio que no debíamos perder el tiempo buscando la mejor manera o el mejor entorno para meditar…
-No tiene sentido esperar a que se den las condiciones soñadas para comenzar a meditar- decía -.No es necesario encerrarse en un monasterio tibetano, ni mudarse como un ermitaño a una casa de la montaña, para explorar esta herramienta.

Cuentan que el viejo relojero volvió al pueblo después de dos años de ausencia. El mostrador de su relojería recibió en una sola tarde todos los relojes del pueblo, que a su tiempo se habían detenido y habían quedado esperándolo en algún cajoncito de la casa de sus dueños. El relojero revisó cada uno, pieza por pieza, engranaje por engranaje. Pero sólo uno de los relojes tenía arreglo, el que pertenecía al viejo maestro de la escuela pública; todos los demás eran ya máquinas inservibles. El reloj del maestro era un legado de su padre, posiblemente por eso, el día en que se detuvo marcó para ese hombre un momento muy triste. Sin embargo, en lugar de dejarlo olvidado en su mesita de luz, el maestro, cada noche, tomaba su viejo reloj, lo calentaba entre sus manos, lo lustraba, daba apenas una media vuelta a la tuerca y lo agitaba deseando que recuperara su andar. El reloj parecía querer complacer a su dueño, que durante algunos minutos se quedaba escuchando el conocido tictac de la máquina. Pero enseguida volvía a detenerse. Fue este pequeño ritual, este ocuparse del reloj, este cuidado amoroso, lo que evitó que ese reloj se trabara para siempre. Fue la suma de la motivación y la perseverancia del maestro lo que salvó a su reloj de morir oxidado.

Meditar, para los que eligen meditar, es algo demasiado trascendente para supeditarlo a que las circunstancias sean las ideales. Nuestra actitud, en cuanto a la meditación, debe ser la del maestro del cuento con su reloj, una conducta de cada día, que se mantenga más allá de los resultados.

Jorge Bucay

Me®

Envidia...



Según mis estadísticas no existen las personas envidiosas ya que nadie asume tener tan feo sentimiento…

¿Qué es la envidia? Es el dolor que te provoca no ser, tener o poseer lo del otro. La RAE la define como: Tristeza o pesar del bien ajeno… Ahhh… ya entiendo porque nadie quiere reconocerla. Es feo ser envidiosos.
Mi tesis es que no somos conscientes de que sentimos envidia. Es una emoción y por lo tanto se detona de manera automática y la disfrazamos con cualquier otro sentimiento como la rabia, la tristeza, los celos etc. y los pocos que reconocen ser envidiosos se atreven a decir que es “envidia de la buena”, creyendo que así aminoran la culpa de no alegrarse por lo bueno que le está pasando al otro.

La envidia proviene de la inseguridad, porque si tenemos confianza en nuestras capacidades no tendríamos porque envidiar las del otro, puede que alguien se me haya adelantado en obtener el éxito pero yo se que tarde o temprano puedo conseguir lo que el otro tiene si desarrollo al máximo mis talentos… y creo que ese es el punto: que no todos hemos venido a este planeta con los mismos talentos y de pronto envidiamos la habilidad que tiene el otro para hacer ecuaciones cuando nosotros no somos capaces de hacer una multiplicación porque tenemos más desarrollado el lóbulo derecho del cerebro y está claro que ese otro viene con el hemisferio cerebral izquierdo del cerebro activado y por eso los números se le dan fácilmente.

La receta para dejar de envidiar a otros es no mirar para el lado y compararnos, sino que trabajar en descubrir para que somos buenos… ese es el punto. Si descubro que soy bueno y me siento realizado haciendo pizzas, ya no sentiré envidia de ese otro que hace deliciosos tacos, que dibuja como Da Vinci, escribe como Tolstoi, o pinta como Michelangelo… estaré muy ocupada haciendo la mejor piza de toda la zona y sobre todo siendo feliz…

Una persona confiada en su potencial y consciente de sus capacidades, se sentirá muy segura de si misma, no envidiará a los demás ya que sabe que no llegó última a la repartición de talentos. El problema es que no todos han encontrado sus talentos o los tienen tan escondidos que lo que envidian es la capacidad de otro para mostrar su luz porque es lo que ellos no se atreven a mostrar.

Te invito hoy a hacer una revisión para encontrar los dones y talentos que has traído a esta vida. No mires a tu vecino o tu amigo... No te compares con otros y si no puedes evitarlo, trata de que sea de tu mismo color, talla, inteligencia y nivel de evolución, para que la comparación sea justa... solo mírate tú y descubre que es lo que te hace feliz y en cuanto lo descubras dedícate a realizarlo… ya verás que estando feliz, haciendo lo que te más te gusta no volverás a sentir envidia de nada ni por nadie…

Me® 

 Si reenvias este texto, respeta el trabajo de la autora, no elimines ni cambies su nombre ni el texto. Cita la fuente correctamente. Se consciente de tu ética espiritual.

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