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sábado, 30 de agosto de 2008

La Hora del crepúsculo...



De niña fui seducida por los atardeceres porque mi abuela me decía que era la hora mágica, ya que el sol se retiraba a descansar, las flores y los árboles cerraban sus pétalos y porque los pájaros despedían la luz con su cantar… Era la hora del silencio…
Era una hora casi mística porque el cielo se teñía de tantos colores y mi abuela honraba ese instante sagrado mirando el cielo con sus ojos sabios y diciendo una oración que nunca pude entender que decía porque era como un susurro.
Después venía el dulce sueño y así quedaron grabados en mi alma esos momentos fantásticos que forman parte de mi historia infantil.

Cuando crecí me quedaba en la playa hasta que el sol se iba y luego retornaba a casa en esas noches veraniegas tan llenas de calor de hogar y de historias…

Sigo viviendo este romance con todos los crepúsculos que veo… sigue siendo mi hora mágica y es el momento en que pienso en mi abuela y con todo el corazón solo digo ¡Gracias! e intuyo que eso era lo que decía mi abue cuando caía hechizada por la hora del crepúsculo.


Me® 

miércoles, 20 de agosto de 2008

Simplemente vuelve...




Cada vez que te des cuenta de que te has ido al pasado o al futuro, no te crees problemas por ello. Simplemente, vuelve al presente, sin crearte problemas.
¡No pasa nada! Simplemente, recupera tu conciencia. La perderás millones de veces; no te va a salir ahora mismo, inmediatamente. Puede suceder, pero no puede suceder por tu causa. Es un modo de conducta fijo desde hace tanto, tantísimo tiempo, que no lo puedes cambiar de buenas a primeras. Pero no te preocupes, la existencia no tiene ninguna prisa. La eternidad puede esperar eternamente. No crees tensiones por ello.
Cada vez que sientas que te has perdido, vuelve; eso es todo. No te sientas culpable; eso es un truco de la mente, que está otra vez jugando a sus juegos. No te arrepientas: «¡He vuelto a olvidarme!» Simplemente, cuando pienses, vuelve a lo que estuvieras haciendo. Si estás tomando un baño, vuelve; si estás comiendo la comida, vuelve; si estás dando un paseo, vuelve. En el momento en que sientas que no estás aquí y ahora, vuelve... simplemente, inocentemente, No crees culpa.
Si te sientes culpable, no has entendido nada.
Hay pecado, pero no hay culpa... pero eso es difícil para ti. Si sientes que algo está mal, te sientes inmediatamente culpable. La mente es muy astuta. Si te sientes culpable, el juego ha empezado, de nuevo... en un nuevo campo, pero el juego es muy antiguo.
La gente acude a mí y dice: «Nos seguimos olvidando.» Se ponen muy tristes cuando dicen: «Nos seguimos olvidando. Lo intentamos, pero solo nos acordamos durante unos segundos. Nos mantenemos alerta, recordándonos, pero enseguida nos perdemos. ¿Qué hacer?»
¡No se. puede hacer nada! No es cuestión de hacer. ¿Qué podrías hacer? Lo único que se puede hacer es no crear culpa.
Simplemente vuelve.



Osho


Mer 

jueves, 14 de agosto de 2008

La Palabra mágica




"Aprended a hablar con amor y dulzura, no solo a los seres humanos sino también a los animales, a las flores, a los pájaros, a toda la naturaleza, pues es una costumbre divina. El que sabe pronunciar palabras que inspiran, que vivifican, posee una varita mágica en su boca, y nunca pronuncia estas palabras en vano porque siembre en la naturaleza, uno de los cuatro elementos, la tierra, el agua, el aire o el fuego. están ahí, atentos, esperando el momento de realizar todo lo que hemos expresado. Puede ocurrir que la realización se produzca muy lejos de aquel que ha proporcionado los gérmenes, pero sabed que siempre se produce. Así como el viento transporta las semillas y las siembra muy lejos, también nuestras buenas palabras vuelan y producen lejos de nuestros ojos resultados magníficos. Si aprendeis a dominar vuestros pensamientos y vuestros sentimientos, a poneros en un estado de armonía, de pureza, de luz, vuestra palabra producirá ondas que actuarán benéficamente sobre toda la naturaleza". 



Omraam Mikhael Aivanhov, del libro "Reglas de Oro para la Vida Cotidiana"

La Luciérnaga y la Serpiente



Cuenta una fábula que en cierta ocasión una serpiente empezó a perseguir a una luciérnaga; ésta huía muy rápido y llena de miedo de la feroz depredadora, pero la serpiente no pensaba desistir en su intento de alcanzarla.

La luciérnaga pudo huir durante el primer día, pero la serpiente no desistía, dos días y nada, al tercer día, ya sin fuerzas, la luciérnaga detuvo su agitado vuelo y le dijo a la serpiente: ¿Puedo hacerte tres preguntas?

No acostumbro conceder deseos a nadie, pero como te voy a devorar, puedes preguntar, respondió la serpiente.

Entonces dime:¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?¡No!, contestó la serpiente.

¿Yo te hice algún mal?¡No!, volvió a responder su cazadora.

Entonces, ¿Por qué quieres acabar conmigo?

¡Porque no soporto verte brillar!  fue la última respuesta de la serpiente.


Moraleja: No temas ser devorado por una serpiente envidiosa… Sigue brillando, sigue avanzando porque tu esencia es brillar y el Universo compensa a todos los seres de Luz.

Recuerda siempre: El envidioso es el que más sufre porque con su envidia solo se hace daño a si mismo… Pero la Luz siempre triunfa…


Déjanos tu huella...